Baraja de Grimaud según el diseño de Paul Marteau (1930)
El arquetipo de La Emperatriz
La postura de la Emperatriz es muy compleja y tiene muchos matices.
Con la mano derecha, la de la acción, está aferrada a su escudo con el águila que tanto a ella como a El Emperador los eleva sobre sus súbditos. El águila le da fuerza, la ayuda a actuar.
El cetro que la confiere en Emperatriz para reinar sobre los hombres lo lleva displicentemente, en forma casual. Contrariamente a El Emperador lo tiene con la mano izquierda, la de los afectos, la del corazón y está simplemente apoyado sobre su hombro y apenas sostenido por su mano y su cuerpo.
Con el Escudo tiene otra relación, está agarrada a él, lo tiene muy cerca de sí y al mismo tiempo lo muestra a todos, está en la altura media de la carta.
Está firmemente sentada, muy segura, bien alineada. Lo extraño en ella es su mirada hacia un costado y la actitud de manos y brazos que le restan seguridad.
El cuello descubierto y la marca de la nuez en el cuello la diferencian de las otras reinas, no necesita proteger su cuello, lo puede mostrar, no siente peligro ni pudor en exhibir esa zona de su cuerpo.
EL collar pesado que la nombra emperatriz es similar a la del Emperador, junto con el cetro y el escudo son elementos que los asocian como pareja, pero el de ella tiene un símbolo de conocimiento, el triángulo que apunta hacia el cielo.
La Emperatriz se muestra mucho más que el Emperador, muestra sus debilidades y su fuerza, gobierna con los afectos y con la alcurnia que ha heredado de su familia representada en el escudo que aprisiona y que la acompaña para poder actuar.
También difiere de El Emperador en el sillón donde está sentada, el respaldo es un apoyo que al mismo tiempo parece estar compuesto por dos grandes alas. Esas alas que se confunden con su sillón le confieren una dimensión angélica a este personaje carnal y terrenal.
Su corona, el triángulo hacia el cielo, marca su conocimiento y sus cabellos sueltos, libertad y sensualidad en el actuar.
Su maternidad la define como una mujer completa que puede procrear y gobernar al mismo tiempo.
El Tarot valora el conocimiento que traen las mujeres, son las primeras en aparecer tras El Mago, sus parejas masculinas vienen después. En este Mundo “moderno” extrañan estas figuras femeninas tan valoradas, no discriminadas, reconocidas en su diferencia.
La figura femenina se muestra con firmeza y una sabiduría diferente a la del hombre, con otros valores. La Emperatriz tiene una dimensión amplia del conocimiento, está en este mundo y en todos los mundos, es la llave entre lo terreno y lo espiritual. Dirige el mundo terreno con una visión clara sobre lo que somos más allá de esta dimensión física.
El número tres significa movimiento, en La Emperatriz es el emprendimiento, la acción, no por la acción misma sino la acción con conocimiento. El actuar con un objetivo más alto, el hacer no para el beneficio personal sino para servir a la comunidad, es una carta de acción y servicio unidos por la trascendencia.
La Emperatriz es la reina del cielo y de la Tierra, su actuar es muy abarcador.Trae al hombre a la Tierra para su progreso, ella sabe para qué estamos acá, porque sufrimos y porque amamos. Nos ayuda a ver nuestro objetivo más alto en este paso por la Tierra, sacando afuera ese llorar y compadecernos de nuestros problemas como pobres mortales sin salida.
Más información en mi libro «Tarot. El Camino del Loco. Un encuentro con conocimientos ancestrales». Autora Victoria Chamo Bersusky. Editado en mayo 2024