En el camino por los Arcanos Mayores la última etapa comienza con la carta XVI, LA TORRE.
La Torre que nos muestra la carta representa nuestro yo, nos dice que nuestra casa es muy pequeña frente a la inmensidad del mundo. Esa gran corona que se desestabiliza con facilidad con una pluma nos habla de las creencias exageradas que tenemos de nuestros valores.
Esta carta nos muestra lo pequeños que somos los seres humanos frente a una fuerza superior, ya sea de la naturaleza o de Dios, que nos puede tumbar sólo con un plumazo. La mano Divina viene a sacarnos de nuestro ego endiosado cuando es necesario. Ese ego que nos dice: “Yo estoy arriba y tengo el poder para que los hombres y las mujeres que me rodean hagan lo que quiero, que los puedo dominar, que los puedo manipular”.
Esta caída es un fuerte golpe para el ego, pero no debe verse como un gran castigo, ni como una reprimenda terrible. Esta carta es un llamado de atención para decirnos que somos terráqueos, mortales y que vamos caminando por el mundo; que mirar desde arriba es una apreciación falsa de los hechos, que a las plantas hay que mirarlas crecer con mucha atención y desde muy cerca.
Esta carta nos dice que tenemos que cambiar, dejar de estar en el techo de la Torre mirando al mundo desde las alturas. Con mucha claridad nos dice que tenemos que limitar nuestro ego y darnos cuenta de que necesitamos vivir la vida más cerca de la tierra, enfangarnos y aprender de lo cotidiano. Que no somos un Dios omnipresente que puede dominarlo todo, que, por el contrario, tenemos que darnos cuenta de que necesitamos aprender mucho y ser más humildes, más benevolente con el prójimo.
Continuando el camino por los Arcanos Mayores nos encontramos con la siguiente carta, la XVII, LA ESTRELLA.
Esta carta nos muestra la relación de los seres humanos (representados por la figura de la mujer desnuda) con el Universo, con la tierra que nos contiene y los astros que nos rodean.
Emana tranquilidad, nos muestra cómo encontrarnos con las estrellas, con el Universo, realizando un trabajo muy terrenal y sanador. Junto a la mujer están presentes el cielo con sus astros, nuestra estrella que nos guía, el agua, la tierra con sus árboles y el pájaro como representante de los otros seres con quienes compartimos el disfrute de la naturaleza.
La mujer de la carta muestra una energía potente, que todo lo puede ver y hacer, todo lo que le sucede es para ella como tiene que ser, no hay contradicciones, es el momento de la gran aceptación de sí misma. “Soy así, soy como soy y no me importa si a las otras personas les gusta o no, yo estoy tranquila, en paz, con las estrellas que me miman, mi guía superior, la tierra que me contiene y fluyo con el agua. Puedo mostrarme desnuda como vine a este Mundo ya que no tengo nada que ocultar”.
Es un aquí y ahora perfecto, este momento lo podemos asociar al sentimiento que nos genera la meditación, al encuentro con nuestro ser en paz, sintiendo al mismo tiempo el Universo que nos rodea y acompaña.
Ya nos falta pocos pasos para finalizar nuestro camino de crecimiento por el camino que nos muestra EL LOCO. Para encontrarnos con nuestro yo, nuestra Estrella que nos ilumina y el Universo que nos rodea tenemos que pasar por el reconocimiento y desprendimiento de ese ego omnipresente que nos adula y engaña.
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